República Dominicana conmemora este jueves 24 de septiembre el Día de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona del pueblo dominicano y figura central de una tradición religiosa cuya presencia atraviesa más de cuatro siglos de historia nacional.
La jornada tiene carácter de feriado nacional y congrega cada año a miles de católicos en templos de distintas regiones del país, aunque el Santo Cerro, en La Vega, permanece como el principal punto de peregrinación de una devoción que forma parte de la identidad religiosa dominicana.
El culto a Nuestra Señora de las Mercedes tiene sus raíces en la Europa medieval. La advocación quedó estrechamente vinculada a San Pedro Nolasco y a la Orden de la Merced, surgida en Barcelona en el siglo XIII con una misión definida: auxiliar y procurar la libertad de cristianos mantenidos en cautiverio.
De esa vocación procede buena parte de su simbolismo religioso. La palabra “merced” está asociada a misericordia, gracia y favor, mientras la espiritualidad mercedaria convirtió la liberación de los cautivos en uno de sus signos fundamentales.
Una devoción que echó raíces en la isla
La presencia de Nuestra Señora de las Mercedes en la historia de Santo Domingo se remonta a los primeros siglos de la colonización española y terminó vinculándose de manera profunda con el Santo Cerro, en La Vega.
La tradición religiosa difundida durante generaciones relata una intervención de la Virgen asociada a los enfrentamientos ocurridos entre españoles e indígenas a finales del siglo XV y a una cruz levantada durante aquellos acontecimientos.
Ese relato forma parte del patrimonio religioso transmitido durante siglos, aunque la investigación histórica introduce precisiones necesarias.
El historiador José G. Guerrero Sánchez, director del Museo Nacional de Historia y Geografía, ha explicado que la batalla vinculada posteriormente a la tradición del Santo Cerro ocurrió en marzo de 1495 y que las fuentes de sus principales protagonistas europeos no registraron una aparición milagrosa.
Según esa investigación, la unión entre la Virgen de las Mercedes, la cruz y el Santo Cerro tomó forma posteriormente, una vez consolidada la advocación como patrona de la isla de Santo Domingo.
La propia historiografía dominicana del siglo XIX, particularmente las obras de Antonio Del Monte y Tejada y José Gabriel García, contribuyó a fijar en la memoria nacional el relato tradicional que terminó acompañando la religiosidad popular.
De la devoción colonial a patrona de los dominicanos
Fuentes eclesiales dominicanas sitúan en el siglo XVII la consolidación del patronazgo de Nuestra Señora de las Mercedes sobre la isla y reconocen su condición de patrona de República Dominicana desde los albores de la vida republicana.
Con el paso de los siglos, su festividad dejó de circunscribirse al ámbito estrictamente litúrgico. El 24 de septiembre pasó a ocupar un espacio propio dentro del calendario, las tradiciones familiares y las expresiones culturales del país.
El Santo Cerro se convirtió en el escenario más representativo de esa relación. Allí funciona el Santuario Nacional Nuestra Señora de las Mercedes, destino de peregrinos procedentes de diferentes provincias que acuden cada septiembre a participar en celebraciones eucarísticas, cumplir promesas, encender velas o elevar peticiones.
La dimensión nacional de esa devoción también se expresa en el calendario oficial. La legislación dominicana mantiene el 24 de septiembre como día feriado y su celebración no es trasladada a otra fecha.
Una advocación asociada a la libertad
La historia de Nuestra Señora de las Mercedes conserva, además, una relación particular con las personas privadas de libertad.
Ese vínculo procede de la propia génesis de la Orden de la Merced, cuyos religiosos dedicaban su misión a rescatar cautivos y llegaron a asumir el compromiso de ofrecerse ellos mismos cuando fuera necesario para conseguir la libertad de un prisionero.
Esa tradición explica que la advocación mercedaria permanezca estrechamente asociada a los presos, la misericordia y la liberación.
En República Dominicana, la fecha del 24 de septiembre reúne así elementos de fe, memoria histórica y cultura popular. Su permanencia durante siglos convirtió a Nuestra Señora de las Mercedes en una de las advocaciones marianas de mayor arraigo en la sociedad dominicana y al Santo Cerro en uno de los principales espacios de peregrinación católica del país.

