Si Benedicto XVI no hubiese renunciado a su pontificado en febrero de 2013, hoy el mundo estaría atento a los preparativos para la elección de un nuevo papa. Pero su muerte este sábado, a los 95 años de edad, casi diez años después de esa renuncia, solo plantea al Vaticano cuestiones protocolares en cuanto a sus exequias.   

El pasado 28 de diciembre, el papa Francisco pidió rezar por la salud de Benedicto en una pausa durante su habitual audiencia de los miércoles con el público en un auditorio del Vaticano, se dio seguimiento a su estado de salud, que se confirmó empeoraba horas después. 

«Respecto a la salud del papa emérito, por quien el papa Francisco pidió oraciones al final de su audiencia general de esta mañana, puedo confirmar que en las últimas horas se ha producido un empeoramiento debido a la avanzada edad?, dijo el portavoz del Vaticano, Matteo Bruni, en un comunicado ese mismo día. 

Desde el 2 de abril de 2013, Joseph Ratzinger vivió rodeado de su «familia» vaticana, formada por un secretario y cuatro mujeres laicas consagradas del instituto «Memores Domini», que pertenece al movimiento Comunión y Liberación, que se reparten las tareas de la casa y se ocupan de las necesidades del papa emérito. 

Benedicto XVI, el primer papa en renunciar al pontificado desde tiempos de Gregorio XII, a principios del siglo XV, salió en muy pocas ocasiones de los muros leoninos, una vez para visitar a su inseparable hermano en el hospital y en junio de 2020 cuando viajó hasta Ratisbona (Alemania) para verlo de nuevo pocas semanas antes de que morir.

Los pasos que seguir después de la muerte del papa están descritos en la Constitución “Universi Dominici Gregis”, aprobada por Juan Pablo II en 1996, y salvo la apertura de un cónclave y la destrucción del anillo papal, además de otros pequeños detalles, parece que poco cambiará, aunque esos matices serán importantes.

Pero en el caso de Benedicto XVI, las disposiciones relativas a la apertura del testamento o cómo y cuándo celebrar el funeral, no serán tomadas por el camarlengo, quien actúa en caso de Sede Vacante, como se conoce el periodo sin pontífice, sino directamente por Francisco.

Todo indica que al igual que con el papa, se preparará el cadáver y se organizará una capilla ardiente, pero dentro del palacio pontificio, pues Joseph Ratzinger vive en el monasterio Mater Ecclesiae desde su renuncia, en el interior de los jardines vaticanos.

Se desconoce si será pública o privada, aunque Francisco ciertamente permitirá la veneración de los fieles en la basílica de San Pedro.

Con total seguridad, será la primera vez en la historia en la que un pontífice presida el funeral de su inmediato predecesor, pues Francisco celebrará la misa a la que, probablemente, serán invitadas las máximas autoridades de todos los países. 

También se conocerá el lugar indicado por Benedicto XVI para ser enterrado, aunque con total seguridad será el la cripta dedicada a los pontífices situada bajo la basílica vaticana, como ya reveló a su biógrafo, Peter Seewald.

Es posible que, como en el caso de los papas, también haya tres féretros, pero son detalles que nadie conoce, dado que se trata de la primera vez de un papa emérito. 

Dos días antes de que su renuncia fuera efectiva, el 26 de febrero de 2013, el entonces portavoz vaticano, Federico Lombardi, anunció que tendría el título de “Papa emérito” o “Romano Pontífice emérito”, que seguiría siendo “Su Santidad Benedicto XVI”, que vestiría una sotana blanca más sencilla, sin la pequeña capa o “esclavina” sobre los hombros, y que no llevaría el anillo del pontífice, sino uno de obispo. Esto no estaba escrito en ningún documento. 

Y es que tras su muerte seguirá faltando una reglamentación que evite importantes problemas de gestión en el Vaticano sobre la convivencia de dos papas, después además de que el papa alemán haya podido ser utilizado por un ala más conservadora de la Iglesia para atacar a Francisco.

“El Papa emérito, en los primeros años, fue utilizado por varios grupos para otras causas, especialmente dentro de la Iglesia, y con motivos no siempre transparentes”, lamentó Luis Badilla, director de la página que recoge información vaticana “Il Sismografo”, donde estimó “oportuno y necesario codificar la presencia de un exobispo de Roma”.

Para el periodista de Corriere della Sera Massimo Franco, que visitó varias veces a Benedicto XVI en su residencia Mater Ecclesiae y es autor del libro «Il Monasterio» sobre la convivencia de los dos papas, el hecho de no estar regulada la renuncia «es algo que en perspectiva puede ser desestabilizador para la Iglesia».

«Es la gran laguna que hay que rellenar. El gran tema no afrontado en la Iglesia es saber si el gesto de Benedicto será único o el inicio de una praxis. Hay que pensar que un papa pueda dimitir, pero también cómo. Puede ser alguien que elija apartarse o que dimita diciendo que la Iglesia es irreformable», señala.